Es comprometido escribir sobre temas complejos y abstractos, como por ejemplo sobre espiritualidad, la transición de la muerte, el dolor y el sufrimiento, las relaciones de pareja, la vejez… etc.
Especialmente por abordarlos sin máscara ni disfraz, con la clara intención de desmitificar los tabúes y considerarlos con naturalidad como parte integrante de nuestro ciclo vital.
Siempre me documento mucho e investigo antes de hablar de según qué temas, lo que me ayuda mucho para abordarlos de forma efectiva. No siempre hablo sobre cosas experimentadas o vividas. También me complace tocar temas de actualidad y ponerlos en boca de mis personajes, pero siempre estando muy segura de lo que voy a exponer. Soy paciente mientras me instruyo, pues a veces tardo en encontrar la bibliografía deseada.
Cuando escribo, siempre me imagino al lector a mi lado. Un lector cercano al que quiero sorprender y regalar todo el tiempo empleado para que siga conmigo en cada lectura. Eso me hace ser algo más exigente conmigo y repasar y releer los textos. Escribir para el público es una gran responsabilidad, también un desafío emocionante pero… si digo mi secreto: es muy gratificante.
Intento ser clara, concisa, paciente, y mi deseo es abordar de una manera comprensible todos los temas que me parecen interesantes y que además siento tener el compromiso de transmitir.
La creación, la inspiración, la originalidad, etc., tantas veces pienso que me es dada. Como si me ayudaran desde algún recóndito lugar. Al igual que tantas veces agradezco estos regalos que, en un momento de quedar en blanco —que los hay—, momentos en que quedo encallada en un texto y no sé cómo continuar. Pero tengo mi truco: salir a pasear al bosque o al mar y contemplar, dejar fluir, respirar y contemplar. Entonces, al rato, agradezco la inspiración que me llega. Pronuncio «gracias, gracias, gracias» y regreso a mi escritorio con la solución del tema que estoy tratando. Os lo digo de verdad: es una verdadera maravilla. Y me ha ocurrido casi en todos mis libros.
A veces pienso que quizás es porque son libros solidarios, con los que el beneficio de sus ventas lo entrego a alguna institución.
En los cuatro primeros fue para el Hospital de Goundi, en el Chad, y estos tres últimos para los proyectos que la Fundació Banc de Recursos tiene en Barcelona. Sea como fuere, yo sigo agradeciendo siempre cada minuto de vida y ya no me cuestiono nada. ¡Escribo!
Escribir hace que lea mucho de otros autores, que me interese por lo cotidiano, que tenga más interés en estar al día de los temas de actualidad —sin exagerar, tan solo lo justo—, porque me gusta embeber la belleza real del presente e intentar vivir el aquí y ahora, el Carpe Diem.
Últimamente me decanto por leer y escribir sobre temas más espirituales, aprovechando que en el momento actual se está desarrollando mucho más la espiritualidad que la religiosidad. Hoy día tenemos mucha información de primera mano y mucha facilidad para acceder a internet o a las redes sociales, a un vasto abanico de: retiros, presentaciones de libros, conferencias, etc., sobre espiritualidad. Hoy hay mucha ansia e interés por conocer y despertar.
Y hay muchos que, ya despiertos, avanzan con firmeza para ayudar a otros a despertar.
Admiro a los escritores comprometidos y valientes (Melloni, D’Ors, Dr. Sans, entre muchos otros) que nos comunican el modo de experimentar a Dios en nuestro interior. Los que dicen que somos parte divina de un Todo.
En este momento de mi vida estoy totalmente de acuerdo con ellos, puesto que escriben para comunicar la verdad descubierta.
Con la sencillez de mis escritos, intento aportar un pequeño granito de arena a este, a veces, caótico momento que nos ha tocado vivir.
Por lo que seguiré escribiendo, comunicando y agradeciendo.

